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Construyen sus propios caminos en Arquitectura

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Las profesoras Ana Cristina García Luna Romero y Sindy Melissa Godínez De León, de la Escuela de Arquitectura y Ciencias del Hábitat de la Universidad de Monterrey, hablan de sus experiencias como mujeres arquitectas 

Se abrieron camino desde sus primeros estudios en una profesión ‒la Arquitectura‒ que años atrás era dominada por hombres, después han sido líderes de proyectos y continúan desarrollando investigaciones, además de que tienen a su cargo impulsar a las nuevas nuevas generaciones. 

Ellas son Ana Cristina García Luna Romero y Sindy Melissa Godínez De León, ambas profesoras e investigadoras de la Escuela de Arquitectura y Ciencias del Hábitat de la Universidad de Monterrey, quienes, en el mes de la mujer, recordaron sus experiencias en esta carrera considerada una de las Bellas Artes.  

Entre las satisfacciones que le ha traído la profesión, García Luna Romero refirió su experiencia de solidaridad y apoyo durante el terremoto de 2017, en Oaxaca, cuando, junto con dos colegas, apoyó a familias que sufrieron pérdidas materiales, a través del diseño de un prototipo de vivienda que los propios habitantes pudieran construir con materiales de la localidad. 

Ante tantas personas que vimos sufriendo pérdidas materiales, pero sobre todo pérdidas invaluables de sus familiares, de su gente querida, de sus recuerdos, su historia, sus tradiciones, su cultura, descubrimos que la arquitectura no era solamente hacer un proyecto y construirlo, sino que a veces la arquitectura es saber empatizar con las personas y enseñarles”, sostuvo. 

En su etapa como investigadora, García Luna Romero señaló que a lo largo de su trayectoria profesional ha podido generar conocimiento y aportar proyectos hechos a la medida para ciudades mexicanas. 

“Creo que eso es lo que nos falta mucho: no copiar patrones de otras ciudades u otros países, sino generar proyectos para nuestra propia realidad en México”, expuso.  

Aunque creció en un entorno de médicos, cuando tenía 15 años tomó la decisión de estudiar arquitectura, que para ella es un estilo de vida y también, como lo comparte con su alumnado, “es una carrera de viejos”, en el sentido de personas con sabiduría, porque la arquitectura necesita de eso.

Se especializó en el desarrollo de comunidades sostenibles y tecnología sustentable, lo cual tiene mucho que ver con la realidad que se vive actualmente, mientras que su otra experiencia ha sido en la construcción, específicamente los rascacielos ‒que siempre le han maravillado‒ ;y, debido a esa atracción, ha tenido la oportunidad de trabajar en México y en los Estados Unidos en ese tipo de construcción.

En el próximo verano, García Luna tendrá la oportunidad de realizar una estancia en un programa ejecutivo llamado Cities, en el London School of Economics, en Inglaterra, un centro de investigación que busca generar conocimiento en relación a cómo las personas y las ciudades se relacionan.

Godínez De León, por su parte, destacó que uno de sus logros más significativos es un trabajo que realizó en Guatemala para la Cruz Roja española, a través de intervenciones de alto impacto en el área rural para mejorar las instalaciones de salud. 

Tuvo un abuelo constructor y un hermano ingeniero civil, y el plan era emprender y trabajar juntos, pero la vida la llevó por otros caminos. En la UDEM, encontró un denominador común que es la aspiración de mejorar, de buscar “la mejor versión de ti mismo”, muy común dentro de la comunidad universitaria, según mencionó.

“Una cosa que me gusta muchísimo de la Universidad es que el mismo mecanismo te impulsa a que te estés constantemente capacitando y te incentiva a seguir mejorando”, indicó.

“LOS PARADIGMAS VAN CAMBIANDO”

A Godínez De León le pareció particularmente significativa la labor de supervisar obra, porque los trabajadores esperaban un arquitecto hombre, pero para ella no implicó un obstáculo insalvable, mientras que, para García Luna Romero, las reticencias o desacuerdos que pudo haber en el campo de trabajo más bien representaron retos que la llevaron a evolucionar profesionalmente. 

“En algunos lugares, no es muy común que una mujer vaya a supervisar y a mí me encantaba estar en la obra; la verdad es que no fue tan fácil; ahora ya es más común, estos paradigmas van cambiando”, aclaró Godínez De León. 

Algunas de sus amigas trabajan en las áreas de cuantificación, de presupuesto o de diseño, pero “no se sienten muy cómodas yendo a obra, porque es intimidante, hay que tener el carácter adecuado”. 

En su opinión, aunque muchas profesionales aún tienen que asumir la responsabilidad de asuntos familiares ‒lo cual es necesario balancear‒ , han logrado un alto desempeño debido a que las mujeres, en general, son “muy dadas al detalle” y son perfeccionistas.

García Luna Romero señaló que, de forma histórica, la arquitectura ha sido una profesión de hombres, pero eso se ha dejado atrás, porque desde hace décadas se formó la primera mujer arquitecta y, desde entonces, las mujeres han hecho camino en esa profesión.

“Realmente, las diferencias son las que nosotras nos permitimos; a mí, me ha dado más oportunidades el que me la hagan difícil, el que a veces no confíen en mí, porque lo que he hecho es, cada día, cada año, ser la mejor versión frente a mi propio espejo: es la manera en la que he podido borrar las existentes diferencias entre un arquitecto y una arquitecta”, manifestó.

“Ser mujer científica en México, en la profesión de arquitectura, es difícil, pero también vamos haciendo camino a las futuras generaciones; hoy en día, tenemos más estudiantes mujeres que hombres en arquitectura”, indicó.

LA PANDEMIA CERRÓ UNA PUERTA Y ABRIÓ OTRAS 

De acuerdo con García Luna Romero, la pandemia recuerda a la sociedad que el ejercicio profesional no debe responder solo al tema de consumo, sino que, desde la arquitectura, debe replantearse de qué forma viven las personas, de qué forma se recicla y se socializa, porque “es necesario vivir en comunidad”.

Ahí es donde entra la arquitectura: necesitamos generar propuestas de nuevos tipos de espacios construidos, abiertos, laborales, así como la relación con el diseño de objetos y de instrumentos en función no solamente de vender, sino también de dignificar la vida de las personas”, estableció.

La pandemia generó necesidades de espacios específicos, pero también cambió la dinámica laboral, porque se descubrió que la arquitectura se puede desarrollar desde un ambiente digital: “la arquitectura no es solitaria, es colectiva; necesitamos trabajar con otros colegas especialistas, y lo podemos hacer desde distintos lugares del mundo”. 

Godínez De León mencionó que la pandemia significó “un golpe bastante fuerte”, pero abrió otras posibilidades, cerró una puerta y abrió otras: “como esta posibilidad que ya existía del trabajo a distancia; por ejemplo, yo estuve relacionandome con gente de otros países a raíz de esto, para comunicarme con otros investigadores”. 

“(La pandemia) tuvo sus cosas malas, pero también fue como un reto para mejorar en el aspecto tecnológico, aprender a utilizar otras herramientas, nos ayudó a crecer como docentes”, reconoció.